Fíjate ahí afuera. Sí, ahí. Donde tu imaginación se fatiga, y los cuentos se cuentan solos.
Quizás pasaste por encima del resultado, del verdadero fin, con la máquina que no lo tendrá.
Tal vez de aquél tronco principal ramificaste ideas que no permiten ver lo claro. Y así, pensás sólo por placer, sólo por pensar. Por que esta perpetua rueda de ideas no deje de girar.
Él no es vos. No te pertenece.
Si somos tan distintos por fuera... ¿cómo podríamos ser iguales por dentro?, leí ayer por ahí.
Todos maestros y discípulos al mismo tiempo y, el mundo, a nuestro alrededor, girando por inercia, en medio de estrellas que en general no percibimos.




